FANDOM


  • Nombre: Hegnar
  • Apellido/Apodo: Hornbearer
  • Raza: Enano Gris
  • Clase Inicial: Trampero
  • Jugador: ParacaZ

Historia Editar

Hegnar Hornbearer

El viento soplaba de manera incesante silbando entre los riscos del paso, ralentizando el avance de la caravana. A treinta metros de la cabeza, Hegnar se cubría el rostro con la mano enguantada protegiendo los ojos de la nieve mientras examinaba las huellas medio enterradas por la nevada, algo les llevaba ventaja, las marcas no eran botas, ni tenían el tamaño humano o enano típico de esos pasos, a menos que calzaran un 26.

Reuniéndose con los mercaderes y los guardias armados los puso al tanto de la situación, un grupo de tres a seis goblins, posiblemente nocturnos, caminaban por delante en su misma ruta, si corrían a avisar a una partida de los suyos, huían de ellos o si simplemente era una coincidencia aun nadie lo sabía.

La caravana hacía tres días que había partido del sur, de Karak Azgaraz con un cargamento de plata, armas y otros enseres para el comercio con los humanos, las rutas por las Montañas Grises nunca habían sido fáciles pero nada que gire entorno a su raza lo era, uniéndose a la partida como batidor había pasado los últimos días asegurando la ruta y tomando los desvíos oportunos para evitar enfrentamientos con los pieles verdes o cualquier hombre bestia que hubiera subido hasta los pasos montañosos, el Paso de la Dama Gris era el destino fijado, desde donde podrían dividirse hacia Bretonia y Übersreik como tantas veces habían hecho antes. No había nada que atara a Hegnar en Karak Azgaraz, su tarea como batidor le había tenido vagando de un lado para otro por toda la región y el lo agradecía a su manera cada vez que encontraba la ocasión de sentar el trasero en una taberna.

Paraca foto1.pg

Se encontraban a dos días de camino para llegar al Paso cuando cayó la primera flecha, un grupo de goblins nocturnos apareció sobre un risco a unos veinticinco metros de la caravana, sus disparos eran poco precisos, con poca fuerza y sin demasiado alcance, muy distinto a los arcabuces enanos que portaba la escolta. Los disparos resonaron con fuerza, rebotando los proyectiles fallidos en la roca y dejando las muescas para nieve. Tras la primera salva solo la mitad de los goblins permanecía en pie, tres abatidos y otros dos salieron corriendo a los pocos segundos del primer disparo atronador.

Hegnar, apoyado tras una piedra, con la rodilla en la roca y el rifle en la hendidura apuntó con sumo cuidado al piel verde más cercano cuando un ligero movimiento le llamó la atención por el rabillo del ojo, instintivamente intercambió el peso de pie y descargó el disparo sobre el primer garrapato que se lanzaba a la carga. Recargó rápidamente el arma y realizó un segundo disparo sobre el segundo de ellos. Las criaturas, bolas de carne babeantes corrían y saltaban en su dirección. Se agachó a tiempo para evitar la primera embestida y pasar por debajo de la tercera criatura apestosa, deslizándose por la nieve hasta el borde del paso y llevándose la mano a la bolsa de pólvora para cargar por tercera vez. Asomándose por el montículo de nieve que le cubría hasta los hombros buscó al particular goblin encargado de dirigir a las bestias, y lo encontró en mitad del camino saltando y gritando como una de sus mascotas.

El último disparo resonó en el valle y la mitad de la cabeza del pequeño piel verde saltó por los aires tintando la nieve del camino de color carmesí. Los arqueros hacía varios minutos que habían huído, los garrapatos que seguían con vida eran abatidos por los disparos, hachas y martillos de los guardias, y del propio mercader que, con su mercancía en peligro, se había lanzado a la lucha con su martillo de mano. Despejando el paso de cadáveres retomaron el camino, sin más percances tardaron el tiempo estimado en llegar al Paso.

La caravana se dividió en dos, y Hegnar continuó su camino hacia Übersreik, sentado ya en la parte trasera ajustando su mosquete, tras la escaramuza el cañón quedó maltrecho y no había mucho que pudiera hacer en ese momento por arreglarlo. Se recostó sobre un fardo de mercancías y encendiéndose un puro clavó la vista en el cielo pensando en la próxima jarra de Bugman que podría encontrar.

GbPwKX4
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.