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  • Nombre: Valyra
  • Apellido: Gugnarsson
  • Raza: Enana Gris
  • Clase Inicial: Mercenaria
  • Jugador: Cym

Historia Editar

Valyra Gugnarsson

El nauseabundo olor fue haciendo que despertase poco a poco. Tenía el pelo enmarañado en la cara y aún sostenía una jarra en sus manos. Levantó la cara de la mesa con pesadez cuando notó un punzante dolor en la mandíbula. Bajó su mirada y vio un pequeño charco de sangre donde había estado reposando su cabeza.

Exhaló aire con fuerza y miró a su alrededor mientras movía la boca como si tratase de encajar la mandíbula. Poco a poco fue recordando lo acontecido la noche anterior, nada del otro mundo, un poco de cerveza, humanos fanfarrones… lo de todas las noches.

Si Padre la viese, estaría orgulloso de ella, siempre que obviase el detalle de haber perdido la herrería en una estúpida apuesta, claro. Pero al fin y al cabo no tardaría en recuperarla. "Tenía un plan".

Rió para ella, recordando los buenos momentos, trabajando el metal, riendo mientras bebía con su padre. Ojalá hubiese nacido hombre, era lo único que su padre había deseado, y, aunque en su educación nunca importó este pequeño detalle, sabía que a Padre le habría gustado.

Tambaleándose se incorporó totalmente y se dirigió a la barra, para encaramarse en un taburete. Miró al posadero con la mirada algo ebria todavía y pidió otra cerveza. El hombre la miró incrédulo, algo que solía pasar dada su condición. Estaba segura que si en lugar de una larga melena lo que ostentase fuera una poblada barba no osarían mirarla así.

- ¿Estás preparada, pequeñaja? - inquirió una voz a lo lejos.

¿A quien llamas pequeñaja, patas largas? ¿Buscas que te ponga en mi regazo y te de un par de azotes, chiquillo malcriado?
El joven rió a carcajadas, algo que hizo que la enana apretase los labios y torciese el morro. Mientras lo observaba, comenzó a recoger su cabello en una larga trenza.

Vamos, Valyra, no te mosquees, ¡ya sabes que bromeo! Espero que estés preparada, partimos dentro de una hora.

- Tranquilo, tengo todo lo que necesito - sonríó divertida - solo espero que esta vez nos paguen bien por el transporte, estoy cansada de trabajar por miserias.

El humano rió de nuevo mientras se giraba. Era evidente que no solían tomarla en serio, aunque la pareja de desdichados que la trató así la noche anterior ya no pensaban lo mismo.

La enana sonrió mientras se tocaba la barbilla. Este trabajo era apenas un poco más peligroso que el anterior y recibiría más del doble de recompensa. Era un buen trato. Bajó del taburete y recuperó sus pertenencias, revisando que el hacha estuviese en perfecto estado y se encaminó hacia la puerta decidida mientras soltaba de nuevo su cabello.

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